Los procesos de colonización en la Orinoquia se han caracterizado a lo largo de su historia por tener condiciones particulares que ofrecen un camino para ejercer una lectura de su producción artística a través de las semejanzas y diferencias de sus protagonistas y las huellas que han dejado en ellos las dinámicas de colonización histórica y contemporánea.
Se toman herramientas de la literatura para establecer una lectura rizomática “Al árbol raíz de la concepción clásica oponen el rizoma…en un libro como en todo hay líneas de articulación o de segmentación, estratos, territorialidades; pero también líneas de fuga, movimientos de desterritorialización y desestratificación. El libro concebido como multiplicidad, como rizoma y ante todo como algo para utilizar"
La investigación curatorial “TRES LUGARES COMUNES” asume entonces una lectura múltiple, la producción artística como narración del devenir de las sociedades a partir de diferentes historias de migración, transculturización y colonización pero también como proceso activo que, a partir de la apertura de los talleres de investigación – creación a cargo de artistas en sus municipios de origen se generen nuevos procesos formativos en la región.
La colonización como un fenómeno constante y cambiante en el territorio de la Orinoquía ha sido tema de estudio de varias disciplinas desde hace algunos años. Las artes plásticas no han sido la excepción. La constante pregunta sobre las nociones de región y territorio de lo autóctono y lo foráneo se encuentran de forma continua en varias de las propuestas curatoriales de anteriores Salones Regionales donde es evidente la amplia participación de artistas que habitan en la región pero que provienen de otros lugares. La propuesta curatorial “TRES LUGARES COMUNES” sólo abre nuevos caminos y nuevas lecturas a esta pregunta, no busca una respuesta, busca nuevas reflexiones conscientes acerca del tema por parte de los artistas y las comunidades, busca abrir nuevas preguntas para enfrentar de manera crítica la historia y las diferentes micro – historias que se tejen en el territorio.
“La historia de la Orinoquia se caracteriza por un sino trágico en donde cada período está señalado por la destrucción casi total de la población y su marca: la época precolombina, que según indican las últimas investigaciones arqueológicas fue más importante de cuanto se creía hasta hoy, fue cruelmente arrasada por la conquista española; igualmente, el intenso trabajo reorganizador de los misioneros coloniales terminó con las guerras de independencia que llevaron a los pueblos, los hatos, la economía y los habitantes muy cerca de la extinción total. Ya a mediados del siglo XX, la recuperación difícilmente lograda durante 130 años tuvo el enorme daño de la Violencia: miles de muertos, pueblos quemados y bombardeados y hatos abandonados fueron e! saldo de ese cruento período. Hoy se vislumbra la redención de la Orinoquia, pero las huellas de tantos años de sufrimiento durarán mucho tiempo en la historia y en el paisaje…. Actualmente se presentan en la región dos grandes bonanzas: una legal, el petróleo; otra ilegal, la coca. Ambas generan enormes ingresos monetarios que están irrigando generosamente la economía oficial y particular e impulsando cambios infraestructurales sin precedentes en Colombia. Aunque no se pueden ver las dos bonanzas con una misma óptica, ya que la coca produce daños gravísimos sobre la sociedad en general, hay ciertos efectos económicos relativamente compatibles por su perversidad, es decir, contrarios a los buscados.
Como fue analizado magistralmente para Venezuela por Roberto Briceño-León en su libro los efectos perversos del petróleo, la explotación petrolera genera ingresos por regalías para las regiones, que tienen el efecto de transformar a las sociedades receptoras en rentistas. Prácticamente se alquila el subsuelo y el suelo a cambio de un porcentaje de las ganancias y ese lucro transforma una sociedad productora en una sociedad derrochadora. Los incentivos para generar riqueza real se acaban, ya que es difícil encontrar alguna actividad que dé ingresos tan altos como el petróleo. Ya no es rentable producir y, por eso, la economía se concentra en el sector terciario, especialmente en la venta de artículos, de lujo, y en la especulación inmobiliaria. Nada se produce, porque es más barato importar debido a los altísimos costos de la mano de obra que tiene como base salarial la ofrecida por las empresas petroleras.”
La Orinoquía se encuentra en permanente transición, lo que alude a una situación ambigua: no se es ni lo uno ni lo otro, se está abandonando un estadio conocido por otro aún no reconocido. Implica una crisis de identidad para el individuo o la comunidad que la vive. Esta crisis constante, antes que ser una limitante para la producción artística se convierte en una fuente de reflexión y análisis a través del arte, para la generación de procesos dinámicos cuyos signos pueden ser positivos o negativos.
En la época industrial española, principalmente en zonas bien desarrolladas con gente pudiente y necesitada de ideas y proyectos que multiplicaran rápidamente su fortuna, se adoptó la palabra colonia para representar el lugar, deshabitado donde se fundaba una fábrica (principalmente textiles) acompañada de una ciudadela, a veces de proporciones importantes donde habitaban los trabajadores a los cuales nunca se llamó colonos, quizás porque nunca se permitió la idea de pertenencia. Estos lugares que llamamos pequeñas ciudades tenían dueños con nombre y sobretodo apellidos.
Hoy podemos ver ejemplos como la colonia Güel (apellido de su dueño original) magistralmente concebida por Gaudí y orgullo de todos los Catalanes de pura cepa y de cepa impura (descendientes unos de los dueños de las colonias, descendientes los otros de los habitantes de las mismas) como parte de un recorrido obligado alrededor de objetivos valiosos e históricos pero desde luego hace muchos años murió el orgullo nacional representado en esta ropa que finalmente colonizó lugares y personas del mundo entero y sobretodo de los cuerpos raquíticos de los españoles, enfrentados por no perder esos lugares que, como Cataluña, el País Vasco y otros, habían colonizado con tanto esfuerzo y claro, con tanta sangre.
La ropa que usan hoy los catalanes, los Españoles, los Franceses y los Alemanes, ya no se hace cerca de ellos, se fabrica atravesando el mediterráneo, en el más cercano de los casos o quizás buscando provincias indias o chinas remotas y pobres. Se podría pensar que estos lugares (antiguas colonias Europeas) lograron recolonizar al colonizador, se podría pensar que su cultura y su fuerza de trabajo es superior a la Europea, pero sólo falta ver que no hay pañuelos ni turbantes en las cabezas de los Europeos, lejos de eso, es más una estandarización americanizada y europeizada lo que vemos como prendas en prácticamente toda la gente del lugar; la ropa sigue el curso de la vida contemporánea junto con toda su globalización y da lo mismo estar en el Guggenheim de Nueva York que en el de Bilbao, seguramente se encuentre un joven ataviado con la misma camisa llamativa o un anciano pudiente con el mismo vestido fino que no sorprendería que fueran de la misma marca.
Posiblemente se podría pensar que está sucediendo algo parecido a lo que aconteció en la colonia Güel, los empresarios modernos, determinaron, en su infinita visión colonizadora, que era más rentable establecer colonias Güel en lugares donde las personas autóctonas no tuvieran la más mínima posibilidad de aspirar a vivir como colonos y de esa manera explotar su pobreza y conseguir mantener un buen negocio con una producción de proporciones mundiales, donde, eso sí, las decisiones de la moda y de los cambios que determinan nuevos rumbos para los compradores se hacen en lugares avanzados con tecnología y sobre todo con tiempo para pensar en todas las nuevas necesidades a inventar. Ellos son los grandes, ellos son los inteligentes, ellos son los que piensan las cosas importantes mientras los colonizados trabajan a destajo sin un momento para pensar ni para darse cuenta de lo que hacen. Hay que comer, no hay tiempo para reflexionar ni para valorar posibilidades.
Lejos estamos de Güel y de Gaudí, de Marruecos y de la India, pero somos los campeones de la colonia, fuimos la colonización más extraña, somos los colonos más autóctonos y somos los colonizados más convencidos del mundo, somos la única colonia moderna que hace parte del eje de los países occidentales con toda la miseria de todas las colonias del mundo, somos híbridos de Norte América y Europa, tenemos cara de colonos en las selvas y colonizados en las ciudades, aceptamos todo sin reflexión, somos dueños, señores y defensores de lo nuestro, somos los encargados de cuidarlo y mantenerlo guardado para dar espacio a las nuevas colonizaciones que nos llegan, somos en esa medida los encargados de que nuestras costumbres, nuestros ritos, nuestras artes, nuestros alimentos, nuestra vida y en fin todas nuestras costumbres luchen desesperada y ridículamente por mantenerse vigentes en nuestras occidentales vidas.
Desde esta perspectiva, la investigación curatorial “TRES LUGARES COMUNES” busca dar paso a nuestro interés por explorar todo el potencial latente, siempre a punto de estallar en nuestra realidad, nos plantea una reflexión profunda sobre todo nuestro ser, nuestra historia y la historia que estamos construyendo. Es el arte y su extensa capacidad de creación y experimentación al que le proponemos hoy el reto de responder de todas las maneras posibles a las preguntas que surgen de la relación de los habitantes con las dinámicas de colonización, explorar así por medio de procesos de creación artística diversas manifestaciones que hablen de las sensaciones colectivas e individuales con características propias, diferenciadoras que posiblemente cambien de naturaleza a medida que aumentan sus conexiones. Expresiones artísticas que hablen de las identidades regionales como algo fijo y a la vez mutante
Finalmente, es función del arte contemporáneo responder a la colonia? A los colonos? a los colonizados sobre su esencia y realidades? Somos colonos? Somos colonizados? Somos colonizadores? Somos colonia? Seremos colonizados? Seremos colonizadores? Queremos serlo?